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El analista de mercados internacionales de Adcap, Jorge Ángel Harker, aseguró que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “está contento con un dólar débil”, al considerar que esa situación favorece sus negociaciones comerciales y funciona como un arancel encubierto para las exportaciones hacia ese país.
En una entrevista con el streaming “MMD”, de Ahora Play, Harker explicó que la debilidad del dólar no implica una señal de fragilidad económica, sino una estrategia deliberada de la administración estadounidense para mejorar su posición en el comercio internacional. En ese sentido, mencionó como ejemplo el reciente acuerdo de libre comercio anunciado con India.
Según el analista, la depreciación del dólar tuvo un impacto negativo en las economías latinoamericanas, que perdieron competitividad en el mercado estadounidense. “Exportar a Estados Unidos se encareció entre un 8 y un 12 por ciento por la caída del dólar frente a otras monedas”, señaló, lo que abrió un debate entre exportadores y economistas sobre los efectos reales de esta política cambiaria.
Trump, por su parte, confirmó en declaraciones recientes que no le preocupa la debilidad del dólar e incluso se mostró cómodo ante una eventual continuidad de esa tendencia frente al euro. “Si el dólar está débil pero ahí está bien”, afirmó el mandatario, en línea con su visión de una moneda estadounidense menos fuerte como herramienta de política comercial.
En paralelo, Harker se refirió a la fuerte corrección registrada en los precios del oro y la plata, luego de alcanzar valores récord. En los últimos meses, el oro pasó de los 2.500 dólares hasta un pico cercano a los 5.500 dólares la onza, mientras que la plata llegó a rozar los 120 dólares antes de retroceder a la zona de los 75.
El ajuste, explicó, respondió a una combinación de factores monetarios, geopolíticos y especulativos, entre ellos las correcciones técnicas tras el fuerte rally y las expectativas de un cambio en la política monetaria de la Reserva Federal. En ese marco, la posible designación de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell generó expectativas de una política menos expansiva y de reducción del balance de la Fed, lo que impactó negativamente en los metales.
“El dólar se percibe como una moneda que va perdiendo valor y Estados Unidos no tiene claro hacia dónde va”, sostuvo Harker, al tiempo que destacó que la administración Trump prioriza una divisa débil, mientras los bancos centrales avanzan en la diversificación de reservas hacia el oro.
De cara al futuro, el analista señaló que persisten incertidumbres geopolíticas, como las tensiones con Irán, y una demanda industrial sostenida vinculada a la transición energética y la tecnología, factores que podrían volver a impulsar a los metales preciosos. En ese contexto, consideró que la corrección reciente “puede representar una oportunidad para nuevos inversores” en un escenario global todavía inestable.