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Lejos del estereotipo del empresario de traje y corbata, Orlando Canido construyó un imperio de gaseosas que nació desde abajo y hoy se presenta como la principal embotelladora nacional. “Empecé de cero”, resume el fundador de Manaos, la marca argentina creada en 2004 que logró instalarse en todo el país con precios bajos, volumen y publicidades estridentes.
Muchos conocieron la bebida por sus campañas televisivas, donde figuras populares como Martín Palermo o Juan María Traverso gritaban el ya clásico slogan de la empresa. Pero detrás del marketing hubo una historia de trabajo que comenzó mucho antes.
En su juventud, Canido envasaba y vendía soda. Más tarde tuvo un pequeño reparto de gaseosas en La Matanza. Con el tiempo, esa experiencia se transformó en una planta que hoy ocupa 42 hectáreas, una de las más grandes del mundo en su rubro, con una producción que —según su dueño— alcanza el millón de paquetes diarios.
“Embotellamos un millón de paquetes por día, soy el número 1 del mundo. Siempre la venta superó la producción”, afirmó en una entrevista con el periodista Maxi Montenegro en el streaming “MMD” de Ahora Play. Fiel a su estilo frontal, fue más allá: “Con Manaos, en Brasil sería más grande que Pelé”.
La planta, ubicada en el conurbano bonaerense, abastece principalmente al mercado interno. Si bien la empresa exporta a Uruguay y analiza otros destinos, el foco sigue puesto en la Argentina. “Si no atiendo lo de acá, ¿para qué quiero atender lo de afuera?”, plantea Canido. Y aunque menciona el potencial de Brasil, reconoce que no planea instalar fábricas en el exterior. “El éxito lo tengo atado acá”, insiste.
El empresario también se refirió al contexto económico. Aseguró que mantiene precios sin cambios desde hace tres meses y advirtió sobre la presión fiscal: “Tenemos una carga impositiva muy alta. Cualquiera de afuera nos hace daño y nos gana la pulseada”. En ese sentido, resumió su filosofía de supervivencia: “Nos tenemos que adaptar a lo que hay porque si no te vas a la B muy rápido”.
Con un perfil directo, frases grandilocuentes y una identidad marcadamente popular, Canido convirtió a Manaos en un fenómeno de consumo masivo que desafió a las grandes multinacionales y se consolidó como un jugador central en el mercado local de bebidas.